Ferran Adrià revela cuánto ganaba realmente como copropietario de elBulli
El chef catalán, considerado el padre de la cocina de vanguardia, contó una cifra muy inferior a la que la fama del restaurante hacía suponer.
Por Redacción Diario Latina · 13 de octubre de 2026 a las 6:01 p. m.

El chef Ferran Adrià, figura central de la gastronomía mundial de las últimas tres décadas, sorprendió al revelar cuánto cobraba por su participación como copropietario de elBulli, el restaurante de la Costa Brava que durante años fue considerado el mejor del planeta. La cifra, contó el propio cocinero, estaba muy lejos de lo que el prestigio del local y las largas listas de espera para conseguir una mesa podrían hacer imaginar.
elBulli, ubicado en Cala Montjoi, España, se convirtió entre fines de los años 90 y su cierre en 2011 en un símbolo de innovación culinaria, con técnicas como las espumas y las esferificaciones que redefinieron la llamada cocina molecular. El restaurante llegó a recibir tres estrellas Michelin y figuró reiteradamente en el primer puesto del ranking de los mejores restaurantes del mundo, pese a que, según explicó Adrià, su rentabilidad económica directa nunca estuvo a la altura de su fama.
La confesión del chef catalán pone en perspectiva un aspecto poco conocido de la llamada alta cocina: el prestigio artístico y mediático de un restaurante de vanguardia no siempre se traduce en ganancias millonarias para quienes lo dirigen. Adrià explicó que su ingreso como copropietario respondía a una lógica distinta a la de un negocio gastronómico convencional, en la que el valor principal de elBulli no pasaba por la facturación de cada temporada.
Esta revelación resulta especialmente relevante para la creciente comunidad de chefs latinoamericanos y latinos en Estados Unidos que, en los últimos años, han mirado a Adrià como modelo de referencia para desarrollar propuestas de autor en ciudades como Miami, Nueva York o Ciudad de México. La experiencia de elBulli demuestra que el reconocimiento crítico y la innovación técnica no necesariamente garantizan un modelo de negocio sostenible, un dilema que enfrentan muchos emprendimientos gastronómicos de alta gama en el continente.
El caso de elBulli también ilumina un debate más amplio sobre la economía de la restauración de lujo: muchos establecimientos con estrellas Michelin operan con márgenes de ganancia ajustados, ya que los costos de investigación, personal altamente capacitado e ingredientes exclusivos consumen buena parte de los ingresos. Adrià mismo señaló en distintas entrevistas a lo largo de los años que elBulli cerraba cada temporada con pérdidas o ganancias mínimas, y que la verdadera rentabilidad del proyecto provenía de actividades derivadas como consultorías, libros y conferencias.
Tras el cierre de elBulli en 2011, Adrià reconvirtió el espacio en la Fundación elBulli, un centro de creatividad culinaria sin el formato de restaurante tradicional, consolidando la idea de que el verdadero valor del proyecto siempre había sido intelectual y pedagógico antes que comercial. Esta transición reforzó su perfil como pensador de la gastronomía, más allá de su rol como cocinero al frente de los fogones.
La trayectora de Adrià sigue siendo estudiada en escuelas de cocina de todo el mundo, incluidas instituciones en Estados Unidos que forman a buena parte de los chefs latinos que hoy lideran cocinas de autor en el mercado estadounidense. Su legado no solo se mide en técnicas, sino también en la manera en que cambió la discusión sobre qué significa el éxito en la alta cocina.
La nueva declaración del chef español vuelve a poner el foco en una pregunta que atraviesa a toda la industria gastronómica premium: ¿vale la pena, desde el punto de vista financiero, sostener un restaurante de investigación y vanguardia? Para Adrià, la respuesta parece haber sido siempre que el valor de elBulli trascendía el balance contable, y se medía en términos de influencia cultural y legado culinario.