Washington paga cientos de millones para que otros países reciban a deportados que no son sus ciudadanos
Por Redacción Diario Latina · 26 de septiembre de 2026 a las 9:02 p. m. · Fuente: La Opinión

La administración de Donald Trump destinó al menos 410 millones de dólares a un programa que busca deportar migrantes no solo a sus países de origen, sino también a terceras naciones dispuestas a recibirlos a cambio de financiamiento estadounidense. La cifra surge de documentos internos que detallan negociaciones con 31 países para alojar a personas expulsadas de territorio estadounidense, muchas de las cuales no tienen vínculo alguno con esas naciones receptoras.
El mecanismo, coordinado por una oficina federal vinculada a asuntos de refugiados y migración, forma parte de una estrategia más amplia de la Casa Blanca para acelerar las deportaciones cuando los países de origen de los migrantes se niegan a recibirlos o imponen demoras burocráticas. En esos casos, Estados Unidos recurre a acuerdos bilaterales con terceros países, ofreciendo asistencia económica a cambio de que acepten recibir a estas personas en su territorio.
Según los documentos revelados, las negociaciones incluyeron a naciones de distintas regiones del mundo, no solo de América Latina, lo que confirma que la política migratoria de la actual administración busca ampliar su margen de acción más allá de los canales tradicionales de repatriación. El objetivo declarado es reducir los tiempos de detención migratoria y despejar los centros de retención que operan al límite de su capacidad.
Esta estrategia se enmarca en una ofensiva migratoria más amplia impulsada desde el inicio del segundo mandato de Trump, que incluyó el endurecimiento de controles fronterizos, la ampliación de las facultades de ICE para realizar arrestos y deportaciones exprés, y la eliminación de protecciones temporales para varias nacionalidades. Para la comunidad latina en Estados Unidos, estas medidas representan una fuente constante de incertidumbre, incluso para quienes cuentan con estatus migratorio regular pero tienen familiares o allegados en situación irregular.

El uso de terceros países como destino de deportación no es una práctica enteramente nueva: administraciones anteriores, incluidas las de signo demócrata, exploraron variantes similares ante la falta de cooperación de ciertos gobiernos de origen. Sin embargo, la escala del financiamiento actual y la cantidad de países involucrados marcan un salto respecto de esquemas previos, según describen los propios documentos internos.
Organizaciones de defensa de derechos de los migrantes han expresado preocupación por el destino final de las personas deportadas bajo este esquema, ya que muchas terminan en países con los que no tienen ningún lazo cultural, idiomático o familiar, lo que dificulta su reinserción y puede exponerlas a situaciones de vulnerabilidad. El debate se centra también en la transparencia de estos acuerdos, dado que gran parte de la información solo salió a la luz mediante estos documentos internos.
Para los países receptores, aceptar deportados extranjeros a cambio de asistencia financiera estadounidense representa un dilema: por un lado, implica un ingreso de recursos que puede ser significativo para economías con presupuestos ajustados; por otro, obliga a asumir la responsabilidad de integrar o gestionar a personas que no forman parte de su población y que en muchos casos no hablan el idioma local ni cuentan con redes de apoyo.
El fenómeno también repercute en las relaciones diplomáticas de Washington con América Latina, región desde y hacia la cual se canaliza buena parte del flujo migratorio hacia Estados Unidos. Gobiernos de la región han manifestado distintos grados de cooperación o resistencia frente a los pedidos estadounidenses, en un contexto donde la política migratoria se ha convertido en una de las principales cartas de negociación bilateral de la Casa Blanca.
Para la comunidad latina residente en Estados Unidos, el conocimiento de estos mecanismos añade otra capa de complejidad al ya intrincado sistema migratorio del país, en momentos en que crece la demanda de asesoramiento legal y de organizaciones comunitarias que orienten a las familias sobre sus derechos y opciones frente a un eventual proceso de deportación.