Perú declara alerta roja en nueve regiones por riesgo extremo de incendios forestales
La falta de lluvias asociada al fenómeno de El Niño agrava las condiciones para que el fuego se propague sin control en el sur andino peruano. Las autoridades extendieron la alerta hasta el viernes 16 de octubre.
Por Redacción Diario Latina · 12 de octubre de 2026 a las 3:03 p. m.

Las autoridades peruanas declararon alerta roja en nueve regiones del país ante el riesgo extremo de incendios forestales, en un contexto en el que la ausencia prolongada de lluvias podría facilitar tanto el inicio como la rápida expansión del fuego. La medida, aunque circunscrita al territorio peruano, resulta relevante para la comunidad latina en Estados Unidos y la región por su vínculo con las variaciones climáticas de El Niño, un fenómeno que impacta la economía agrícola y el comercio de productos andinos exportados a mercados como el estadounidense.
El reporte oficial detalla que las regiones bajo alerta son Apurímac, Arequipa y Ayacucho, además de Cusco, Huancavelica e Ica, junto con Moquegua, Puno y Tacna. Se trata de un corredor que abarca buena parte de la sierra sur y zonas costeras del sur del país, territorios que combinan vegetación seca, pastizales y bosques que se vuelven altamente inflamables en ausencia de precipitaciones.
Según el pronóstico oficial, el escenario de riesgo se mantendrá vigente hasta el viernes 16 de octubre, un plazo durante el cual se espera que las condiciones atmosféricas —temperaturas elevadas, baja humedad y vientos— continúen favoreciendo la propagación de posibles focos de incendio. Las autoridades locales de cada región fueron puestas en estado de vigilancia para responder con rapidez ante cualquier emergencia.
El fenómeno de El Niño, que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico, suele alterar los patrones de lluvia en gran parte de Sudamérica, generando sequías en algunas zonas e inundaciones en otras. En el caso peruano, su efecto más visible en esta temporada ha sido la drástica reducción de las precipitaciones en el sur andino, lo que deja la vegetación más vulnerable a la combustión espontánea o provocada.

Los incendios forestales en la región andina no son un fenómeno nuevo, pero su frecuencia e intensidad han aumentado en la última década, en parte por el cambio climático y en parte por prácticas agrícolas como la quema de pastizales, habitual entre comunidades rurales para preparar tierras de cultivo. Cuando estas quemas coinciden con sequías prolongadas, el riesgo de que el fuego se salga de control se multiplica.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, especialmente aquella con raíces peruanas o andinas, estas alertas tienen un peso simbólico y afectivo: muchas familias migrantes mantienen lazos con sus regiones de origen, ya sea a través de remesas, propiedades o parientes que continúan viviendo en zonas rurales expuestas al riesgo. Además, el impacto económico de estos incendios puede afectar cultivos de exportación como la quinua y otros productos andinos que llegan a los mercados de Miami y otras ciudades con alta población latina.
Desde el punto de vista institucional, la declaratoria de alerta roja implica la movilización de recursos de defensa civil, bomberos forestales y, en algunos casos, de las fuerzas armadas para contener focos de incendio antes de que se expandan hacia zonas pobladas. Estas alertas también suelen acompañarse de restricciones temporales a actividades que impliquen uso de fuego, como quemas agrícolas o fogatas recreativas.
El gobierno peruano ha reiterado en ocasiones anteriores la importancia de la prevención comunitaria, instando a los pobladores de zonas rurales a evitar quemas no controladas durante los períodos de alerta. Sin embargo, la fiscalización efectiva en territorios extensos y de difícil acceso sigue siendo uno de los principales desafíos para contener este tipo de emergencias.
Mientras persista la falta de lluvias asociada a El Niño, especialistas en gestión de riesgos advierten que escenarios similares podrían repetirse en otras regiones de Sudamérica, lo que mantiene en vilo a gobiernos y comunidades rurales de todo el continente durante los meses de mayor sequía.