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Panamá enfrenta el terremoto más fuerte en décadas: pueblos aislados, miles de edificios dañados y réplicas sin fin

Un sismo de magnitud 7,7 sacudió la península de Azuero, dejando a decenas de pueblos coloniales incomunicados y más de 2.000 construcciones dañadas. Los habitantes de Cañas sobreviven a cielo abierto mientras esperan ayuda aérea.

Por Redacción Diario Latina · 12 de octubre de 2026 a las 9:02 p. m.

Panamá enfrenta el terremoto más fuerte en décadas: pueblos aislados, miles de edificios dañados y réplicas sin fin

Panamá atraviesa uno de los episodios sísmicos más severos de su historia reciente. Un terremoto de magnitud 7,7 golpeó la península de Azuero, una región reconocida por sus pueblos coloniales y su patrimonio cultural, dejando un saldo de más de 2.000 edificaciones dañadas y decenas de comunidades total o parcialmente aisladas del resto del país.

El pueblo de Cañas, uno de los más golpeados, lleva tres días sin acceso por carretera, luego de que el movimiento telúrico destruyera o volviera intransitables las vías de conexión con otras localidades. Sus habitantes describen la situación como un 'milagro' de supervivencia colectiva, organizándose con lo poco que tienen mientras aguardan noticias del gobierno central.

A la gravedad del sismo principal se suma un factor que mantiene en vilo a la región: ya se registraron más de 200 réplicas, algunas de magnitud considerable, que continúan debilitando estructuras ya afectadas y generan temor constante entre los vecinos, que optaron por no regresar a sus viviendas por precaución.

Ante la falta de vías terrestres, la ayuda humanitaria solo puede llegar por aire, lo que ha ralentizado la distribución de agua, alimentos y asistencia médica a las comunidades más remotas de Azuero. Las autoridades panameñas evalúan el uso de helicópteros y puentes aéreos para sostener la logística de emergencia en los próximos días.

Mientras tanto, los residentes de Cañas y pueblos vecinos se organizaron con ollas comunales, cocinando en espacios abiertos para compartir los pocos recursos disponibles. Decenas de familias duermen a la intemperie, en carpas improvisadas o directamente al aire libre, por temor a que sus viviendas colapsen ante una nueva réplica.

Para comprender la magnitud del evento conviene recordar que Panamá se encuentra en una zona de alta actividad sísmica, atravesada por el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, aunque históricamente había registrado menos terremotos de gran escala que otros países de la región como México, Chile o El Salvador. Esto explica por qué un sismo de esta magnitud resulta tan excepcional y desafiante para la infraestructura local.

La península de Azuero, además, es un destino clave del turismo cultural panameño, con pueblos de arquitectura colonial que atraen visitantes de toda la región, incluidos muchos viajeros latinoamericanos y estadounidenses interesados en historia y patrimonio. El daño a estas construcciones representa también una pérdida patrimonial que podría afectar la economía turística local en el mediano plazo.

Este tipo de catástrofes suele poner a prueba la capacidad de respuesta de los gobiernos centroamericanos, frecuentemente con recursos limitados para emergencias de esta escala. La comunidad internacional, incluidos organismos regionales y países vecinos, suele activar mecanismos de cooperación en estos casos, algo que las autoridades de Panamá ya comenzaron a gestionar ante la magnitud del desastre.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, con fuertes lazos familiares y económicos con Centroamérica, este tipo de emergencias resuena especialmente: miles de panameños residentes en ciudades como Miami, Nueva York o Houston siguen de cerca la situación de sus familiares y suelen movilizar ayuda y donaciones a través de redes comunitarias y organizaciones diaspóricas.

Mientras continúan las tareas de evaluación de daños, las autoridades panameñas insisten en que la prioridad inmediata es restablecer el acceso terrestre a Cañas y los pueblos circundantes, además de garantizar la seguridad de las estructuras que resistieron el sismo pero podrían ceder ante nuevas réplicas en los próximos días.