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Economía

La inteligencia artificial, en la mira del fisco: crece en EE.UU. el debate por gravarla

Bill Gates respalda la idea de aplicar impuestos a la tecnología de IA, mientras sectores progresistas impulsan propuestas para que las empresas compensen fiscalmente la pérdida de empleos que genera la automatización.

Por Redacción Diario Latina · 6 de octubre de 2026 a las 12:05 p. m.

La inteligencia artificial, en la mira del fisco: crece en EE.UU. el debate por gravarla

En Estados Unidos comienza a tomar fuerza una discusión que hasta hace poco parecía ciencia ficción: ¿debe pagar impuestos la inteligencia artificial? La pregunta, lejos de ser retórica, se abre paso en el Congreso, en círculos académicos y en el debate público, a medida que la automatización avanza sobre sectores que antes parecían inmunes a la disrupción tecnológica. Para la comunidad latina en el país, que ocupa una porción significativa de empleos en áreas como atención al cliente, logística y manufactura, el desenlace de este debate podría tener consecuencias muy concretas.

Uno de los nombres que más resuena en esta conversación es el de Bill Gates, cofundador de Microsoft, quien se ha mostrado favorable a que la tecnología de IA sea gravada de alguna forma. Su postura no es nueva: ya en años anteriores había planteado la idea de un 'impuesto a los robots', argumentando que si una máquina reemplaza el trabajo de una persona, debería existir algún mecanismo fiscal que compense esa pérdida para la sociedad.

La propuesta de Gates se inserta ahora en un contexto más amplio, en el que sectores progresistas del espectro político estadounidense impulsan iniciativas concretas para que las empresas que desarrollan e implementan modelos de inteligencia artificial contribuyan económicamente a paliar el impacto laboral que generan. La idea central es que las ganancias extraordinarias de estas compañías deberían traducirse, al menos en parte, en fondos destinados a programas de reconversión laboral o redes de contención social.

El debate llega en un momento de expansión acelerada de la IA generativa, con empresas como OpenAI, Google y Microsoft invirtiendo miles de millones de dólares en el desarrollo de modelos cada vez más sofisticados. Estas herramientas ya están reemplazando tareas en áreas como atención al cliente, redacción, programación básica y análisis de datos, lo que genera preocupación entre economistas sobre el futuro del empleo de clase media.

Para entender la magnitud del debate, conviene recordar que la idea de gravar la automatización no es nueva. Ya en los años 70 y 80, con la llegada de la robótica industrial, hubo voces que propusieron mecanismos similares para evitar que el reemplazo de trabajadores por máquinas erosionara la base tributaria de los Estados, que depende en gran medida de los impuestos sobre los salarios. La diferencia hoy es la velocidad del cambio: mientras la robotización industrial tardó décadas en desplegarse, la IA generativa avanza en cuestión de meses.

Este fenómeno tiene una dimensión especialmente sensible para la población latina en Estados Unidos, que históricamente ha estado sobrerrepresentada en empleos de bajo nivel de calificación y alta exposición a la automatización, como el trabajo en centros de llamados, almacenes y transporte. Un eventual rediseño del sistema tributario que incorpore a la IA podría convertirse en una fuente de financiamiento para programas de capacitación dirigidos justamente a estos trabajadores.

Quienes se oponen a gravar la inteligencia artificial argumentan que un impuesto específico podría frenar la innovación y restar competitividad a las empresas estadounidenses frente a potencias tecnológicas como China, que invierte agresivamente en IA sin las mismas restricciones regulatorias. Este argumento, habitual en los debates sobre regulación tecnológica, choca con la postura de quienes creen que sin una intervención estatal los beneficios de la automatización se concentrarán en unas pocas corporaciones.

El Gobierno de Donald Trump, que ha mostrado una postura favorable a la desregulación tecnológica y a facilitar la inversión en inteligencia artificial como parte de su estrategia de competitividad frente a China, no ha impulsado hasta el momento ninguna iniciativa de este tipo a nivel federal. Esto deja la discusión, por ahora, circunscripta a propuestas estatales y al debate legislativo impulsado por sectores demócratas.

El resultado de esta discusión podría definir buena parte del futuro del mercado laboral estadounidense en la próxima década. Si prospera algún esquema de tributación a la IA, Estados Unidos se convertiría en un caso de referencia a nivel global, con posible impacto en la forma en que otros países, incluidos varios de América Latina, diseñen sus propios marcos regulatorios frente a la automatización.

Por ahora, el debate sigue abierto y sin definiciones concretas en el Congreso estadounidense. Pero la creciente visibilidad de figuras como Gates, sumada a la presión de sectores progresistas, sugiere que la pregunta sobre si la inteligencia artificial debe pagar impuestos continuará ganando terreno en la agenda pública durante los próximos meses.