Huracanes a ambos lados del continente: qué explica la agresividad de la temporada 2024
El huracán Simón amenaza la costa del Pacífico mexicano como categoría 4 mientras Isaías deja daños e inundaciones en Florida. Especialistas analizan el rol de El Niño en una temporada ciclónica que vuelve a poner en alerta a comunidades de ambos litorales.
Por Redacción Diario Latina · 12 de octubre de 2026 a las 3:05 a. m.

La temporada de huracanes 2024 vuelve a poner en vilo a millones de personas en el continente americano, con dos sistemas de gran intensidad activos de manera simultánea. Mientras el huracán Simón avanza por el Pacífico como un potente ciclón de categoría 4 rumbo a las costas occidentales de México, el huracán Isaías ya dejó su huella en el sur de Estados Unidos, con inundaciones, daños materiales y cortes de electricidad en Florida. La coincidencia atrae especial atención en la comunidad latina, que tiene presencia directa tanto en el Golfo de México como en el estado de Florida.
El paso de Isaías por territorio estadounidense reavivó los recuerdos de temporadas anteriores particularmente destructivas, y generó preocupación entre residentes de zonas costeras donde viven numerosas familias de origen hispano. Los cortes de luz y las inundaciones afectaron barrios enteros, obligando a las autoridades locales de Florida a activar protocolos de emergencia y asistencia a los damnificados.
En paralelo, Simón se consolidó como uno de los ciclones más fuertes de la temporada en el Pacífico mexicano, con vientos sostenidos propios de un sistema de categoría 4. Las autoridades mexicanas monitorean de cerca su trayectoria ante el riesgo de que toque tierra en zonas turísticas y pesqueras de la costa occidental del país, un área clave para la economía regional.
La coexistencia de dos huracanes de gran magnitud en cuencas distintas —el Atlántico y el Pacífico— ha reactivado el debate meteorológico sobre las causas detrás de esta intensa actividad ciclónica. El meteorólogo Shamed Saldaña, de Meteored México, abordó el fenómeno en una entrevista con France 24, poniendo el foco en el papel que podría estar jugando El Niño en el comportamiento atípico de la temporada.

El Niño es un fenómeno climático cíclico que se origina por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, y que altera patrones de viento, presión atmosférica y temperatura en todo el planeta. Su influencia puede modificar la frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales, favoreciendo en algunos casos la formación de sistemas más fuertes en determinadas cuencas oceánicas mientras inhibe la actividad en otras.
Para la región latinoamericana y para las comunidades hispanas asentadas en Estados Unidos, entender estos patrones climáticos no es un ejercicio académico: de ellos depende la planificación de infraestructura, los seguros de propiedades, la agricultura y hasta el turismo, uno de los motores económicos de países como México, República Dominicana y varios estados del Caribe. Una temporada más activa implica mayores costos de reconstrucción y presión sobre sistemas de emergencia que, en muchos casos, ya operan al límite de su capacidad.
El cambio climático es otro factor que los expertos en meteorología señalan de forma recurrente al analizar por qué los huracanes parecen intensificarse con mayor rapidez en los últimos años. El calentamiento de las aguas oceánicas aporta más energía a los sistemas tropicales, lo que puede traducirse en ciclones que escalan de categoría en cuestión de horas, dejando menos margen de preparación a las poblaciones en riesgo.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, especialmente en estados como Florida, Texas y Luisiana, la temporada de huracanes representa además un desafío logístico y económico: desde la necesidad de evacuar a tiempo hasta la gestión de reclamos de seguros y la reconstrucción de negocios y viviendas, muchos de ellos propiedad de familias hispanas que han invertido allí buena parte de su patrimonio.
Mientras Simón continúa su trayectoria hacia el Pacífico mexicano y las autoridades evalúan el impacto final de Isaías en el sureste de Estados Unidos, el episodio vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de inversión en infraestructura resiliente y en sistemas de alerta temprana, tanto en Norteamérica como en el resto de la región.