Estados Unidos fijó fecha y confirmó transmisión pública para la ejecución del autor de la masacre de Fort Hood
El secretario de Defensa Pete Hegseth anunció que Nidal Hasan, responsable del tiroteo de 2009 que dejó 13 muertos, será fusilado el 3 de diciembre en Fort Hood, en la primera ejecución militar del país en más de seis décadas.
Por Redacción Diario Latina · 9 de octubre de 2026 a las 12:04 a. m.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos confirmó que Nidal Hasan, el exmayor del Ejército condenado por el tiroteo masivo de 2009 en la base militar de Fort Hood, Texas, será ejecutado por fusilamiento el próximo 3 de diciembre. La decisión, anunciada por el secretario de Defensa Pete Hegseth, marcará la primera ejecución militar en territorio estadounidense desde 1961, un hecho sin precedentes en más de seis décadas de historia institucional.
Según lo informado, la ejecución tendrá lugar en el mismo predio donde Hasan cometió el ataque, y el gobierno autorizó que el público pueda presenciarla, una medida inusual incluso dentro del sistema de justicia militar estadounidense, que históricamente ha mantenido estos procesos bajo un hermetismo mucho mayor que el sistema civil.
Hasan, un psiquiatra militar de origen palestino-estadounidense, abrió fuego contra sus propios compañeros en noviembre de 2009, matando a 13 personas e hiriendo a decenas más en uno de los ataques internos más graves sufridos por las Fuerzas Armadas de EE.UU. en tiempos de paz. El atacante alegó motivaciones religiosas y políticas, y el caso fue tratado desde el inicio como un acto de terrorismo interno, lo que derivó en años de apelaciones y demoras judiciales.
La noticia reabre un debate que atraviesa transversalmente a la sociedad estadounidense: el uso de la pena de muerte dentro del sistema de justicia militar, un mecanismo distinto al civil, con sus propias cortes, procedimientos y plazos. Desde hace décadas, los casos de pena capital en el ámbito castrense avanzan con extrema lentitud, en parte por los múltiples niveles de revisión que exige la ley federal.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, que representa una proporción creciente de las fuerzas armadas del país, este tipo de episodios resuena de manera particular: miles de jóvenes hispanos sirven actualmente en bases militares como Fort Hood —hoy rebautizada oficialmente como Fort Cavazos—, y la memoria del ataque de 2009 sigue marcando la cultura institucional del Ejército respecto a la seguridad interna y la salud mental de sus efectivos.
El historial de ejecuciones militares en EE.UU. es escaso: desde 1961, ningún condenado por una corte marcial había sido ejecutado, pese a que existen otros reos en el corredor de la muerte militar, recluidos en instalaciones especiales administradas por el Pentágono. La lentitud del proceso judicial castrense ha generado críticas tanto de organizaciones de derechos humanos como de sectores que reclaman mayor celeridad para las víctimas y sus familias.
La administración de Donald Trump, que ha impulsado un discurso de mano dura en materia de seguridad nacional y justicia penal, respalda la aplicación de la pena capital en este caso puntual, en línea con una postura más amplia de su gobierno a favor de endurecer las condenas en crímenes considerados de extrema gravedad, incluidos los vinculados al terrorismo interno.
La decisión de permitir el acceso público a la ejecución también genera interrogantes sobre los protocolos de transparencia y seguridad que regirán el operativo, considerando que se trata de un evento sin precedentes recientes y que probablemente atraerá atención mediática internacional, incluida la de medios hispanos que siguen de cerca la vida militar y judicial en EE.UU.
Mientras se acerca la fecha fijada para diciembre, familiares de las víctimas, veteranos y organizaciones vinculadas a las fuerzas armadas observan con atención cómo se desarrollará este capítulo final de uno de los casos más recordados de violencia armada dentro de una base militar estadounidense en las últimas dos décadas.