Colapso total del sistema eléctrico deja a toda Cuba a oscuras
Por Redacción Diario Latina · 18 de septiembre de 2026 a las 8:28 p. m. · Fuente: La Opinión

La isla amaneció completamente a oscuras luego de que su sistema eléctrico nacional (SEN) sufriera un colapso total, dejando sin servicio a más de 9 millones de personas. El apagón masivo se suma a una serie de fallas recurrentes que han golpeado a la infraestructura energética cubana durante los últimos años, y que ya venían anticipando un escenario de este tipo.
Aunque la noticia ocurre a miles de kilómetros de Miami, tiene una resonancia directa en la comunidad cubanoamericana del sur de Florida, donde miles de familias siguen con angustia cada apagón que afecta a sus parientes en la isla. Las redes sociales y los grupos de WhatsApp entre exiliados suelen convertirse, en estos episodios, en la principal vía de información sobre lo que ocurre puertas adentro de Cuba.
El desplome de la red se produce en un contexto de escasez crónica de combustible, que ha limitado la capacidad de las plantas termoeléctricas para operar con normalidad. Cuba depende en gran medida de generadores que funcionan con petróleo y derivados, un insumo que el gobierno ha tenido dificultades para garantizar debido a la caída de las exportaciones de crudo venezolano y las restricciones financieras que enfrenta el país.
A esto se suma el deterioro estructural de las principales termoeléctricas, varias de las cuales superan las cuatro décadas de uso sin haber recibido las inversiones necesarias para su modernización. Las fallas técnicas, sumadas a la falta de piezas de repuesto, han provocado que el sistema opere de manera intermitente incluso en los mejores días, con cortes programados que en muchas provincias superan las diez horas diarias.

Este tipo de crisis energética no es un fenómeno nuevo para Cuba. Desde hace más de un año, la isla enfrenta un ciclo de apagones que se ha profundizado tras el paso de huracanes, el agravamiento de las sanciones internacionales y la falta de acceso a financiamiento externo. Sin embargo, un colapso que afecte a la totalidad del territorio nacional de manera simultánea representa un escalón adicional en la gravedad de la crisis.
El impacto de estos apagones trasciende lo doméstico: afecta hospitales, sistemas de distribución de agua potable, la conservación de alimentos y el funcionamiento de comercios y pequeños negocios privados, un sector que en los últimos años había mostrado cierto dinamismo dentro de la economía cubana. La interrupción total del servicio eléctrico paraliza, de hecho, buena parte de la actividad económica cotidiana de la isla.
La situación también alimenta el debate sobre la migración cubana hacia Estados Unidos, uno de los flujos migratorios más importantes de la región en los últimos años. Episodios como este suelen coincidir con picos de interés por parte de familias cubanas en tramitar procesos de reunificación familiar o programas humanitarios, ante el deterioro de las condiciones de vida en la isla.
Por el momento, las autoridades cubanas no han ofrecido un cronograma claro para la restauración completa del servicio, algo habitual en apagones de esta magnitud, donde la reconexión suele hacerse de manera gradual y por zonas, priorizando hospitales, aeropuertos y otras infraestructuras críticas.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad estructural del modelo energético cubano, dependiente de plantas envejecidas y de un suministro de combustible cada vez más incierto. Mientras el gobierno busca respuestas de corto plazo, la comunidad internacional y la diáspora observan de cerca cómo evoluciona una crisis que, lejos de ser puntual, refleja un problema de fondo que la isla arrastra desde hace años.