Coiba, el edén panameño que vuelve a usarse como prisión pese a su historia de horror
Un documental de BBC Mundo revela el oscuro pasado de abusos y trabajos forzados en la Isla Coiba, justo cuando Panamá retomó este año el envío de presos al lugar.
Por Redacción Diario Latina · 13 de octubre de 2026 a las 12:02 a. m.

Un nuevo documental de BBC Mundo pone bajo la lupa a Isla Coiba, un enclave natural de Panamá reconocido mundialmente por su biodiversidad, pero que durante décadas funcionó como un penal donde ocurrieron graves abusos y trabajos forzados. La investigación llega en un momento clave: este año el gobierno panameño volvió a enviar reclusos a la isla, reabriendo un debate sobre memoria, derechos humanos y uso del territorio.
Coiba, ubicada en el Pacífico panameño, fue durante gran parte del siglo XX un centro penitenciario de máxima seguridad, comparado por muchos con otros penales insulares de la región por su aislamiento geográfico. Esa misma lejanía que hoy la convierte en un atractivo ecoturístico fue, en el pasado, la razón por la cual se la eligió para confinar presos lejos de cualquier posibilidad de fuga o supervisión externa.
El documental reconstruye testimonios y registros sobre las condiciones inhumanas que enfrentaron los reclusos durante años de funcionamiento del penal, incluyendo jornadas de trabajo forzado y un régimen de castigo que, según se desprende de la investigación, dejó secuelas difíciles de borrar en la memoria colectiva panameña.
La reapertura parcial de la isla como destino para prisioneros en 2024 reaviva preguntas sobre si Panamá está repitiendo errores históricos o si existen garantías institucionales que impidan un retroceso en materia de derechos humanos. Para muchos panameños, Coiba representa una paradoja: un paraíso natural protegido internacionalmente que arrastra una herencia de violencia estatal.

Vale recordar que Isla Coiba y su parque nacional circundante fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005, en reconocimiento a su extraordinaria biodiversidad marina y terrestre, comparable con la de las Islas Galápagos. Esa doble identidad —santuario ecológico y antiguo infierno carcelario— es parte de lo que vuelve a este lugar un caso de estudio fascinante para historiadores y ambientalistas por igual.
El uso de islas remotas como centros de reclusión no es exclusivo de Panamá: a lo largo de América Latina, gobiernos han recurrido históricamente a geografías aisladas para alojar presos políticos o comunes, apelando a la dificultad de fuga antes que a condiciones dignas de encarcelamiento. Casos similares se han documentado en países como Argentina, Venezuela y México, donde islas o penales remotos cargan con historias comparables de abuso institucional.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, muchos de cuyos integrantes mantienen lazos familiares y de origen con Centroamérica, este tipo de revelaciones resuenan como parte de una conversación más amplia sobre memoria histórica, justicia y transparencia estatal en la región. El debate sobre Coiba también se inserta en una discusión más amplia sobre cómo los países latinoamericanos gestionan su sistema penitenciario en pleno siglo XXI, bajo el escrutinio de organismos internacionales de derechos humanos.
La decisión panameña de volver a utilizar la isla como destino carcelario, aunque enmarcada oficialmente como una medida de gestión penitenciaria, ha generado cuestionamientos de organizaciones civiles que piden garantías de que no se repitan los patrones de abuso documentados en el pasado. El documental de BBC Mundo se perfila como una pieza clave para mantener viva esa vigilancia pública sobre un territorio que, pese a su belleza, guarda cicatrices profundas.