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Fuente: TSE. Actualizado 02:59 (hora de Brasilia)

Poder

Canadá evalúa hipótesis militares frente a Estados Unidos en medio de la escalada por Venezuela

El primer ministro Mark Carney confirmó que las Fuerzas Armadas canadienses diseñan escenarios ante un eventual conflicto con su vecino del sur, aunque reconoció que la probabilidad de que ocurra es mínima.

Por Redacción Diario Latina · 5 de octubre de 2026 a las 12:03 p. m.

Canadá evalúa hipótesis militares frente a Estados Unidos en medio de la escalada por Venezuela

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, reconoció públicamente que las fuerzas armadas de su país trabajan en escenarios hipotéticos ante un posible conflicto bélico con Estados Unidos, su principal socio comercial y aliado histórico. La declaración, insólita por tratarse de dos naciones que comparten la frontera pacífica más larga del mundo, generó revuelo tanto en círculos diplomáticos como entre la opinión pública de ambos países.

Carney fue cuidadoso al matizar sus palabras: aclaró que se trata de un ejercicio de planificación de contingencia, una práctica habitual en cualquier fuerza armada moderna, y que el riesgo real de una confrontación directa es extremadamente bajo. Sin embargo, el solo hecho de que el tema se haya planteado públicamente revela el nivel de tensión que atraviesa hoy la relación entre Ottawa y Washington.

El trasfondo de esta inquietud no es menor: la administración de Donald Trump ha intensificado en los últimos meses una retórica de presión económica y política sobre Canadá, incluyendo amenazas arancelarias y comentarios sobre la posibilidad de que el país se convierta en un estado más de la Unión. Esas declaraciones, que en su momento fueron interpretadas como provocaciones retóricas, parecen haber calado en la planificación estratégica canadiense.

El resumen de la noticia vincula este escenario con el caso de Venezuela, donde la postura de Washington frente al gobierno de Nicolás Maduro ha escalado en las últimas semanas, con despliegues militares en el Caribe y amenazas explícitas de intervención. Para analistas citados en el debate, el precedente venezolano funciona como una señal de hasta dónde está dispuesta a llegar la actual Casa Blanca en el uso de la fuerza como herramienta de política exterior, lo que explicaría por qué incluso un aliado tradicional como Canadá decide, por las dudas, actualizar sus manuales de contingencia.

Canadá evalúa hipótesis militares frente a Estados Unidos en medio de la escalada por Venezuela

Para la comunidad latina en Estados Unidos y en la región, este episodio resulta revelador del clima geopolítico que impone la segunda presidencia de Trump: un estilo de gobierno que combina presión comercial, despliegues militares y declaraciones de alto voltaje hacia países vecinos, desde México hasta Venezuela pasando por Canadá. La región observa con atención cómo Washington redefine sus relaciones bilaterales bajo una lógica de fuerza y transacción.

Históricamente, la relación entre Estados Unidos y Canadá se ha definido por una integración económica profunda a través de acuerdos como el T-MEC, además de una cooperación militar estrecha en el marco de la OTAN y el NORAD, el comando conjunto de defensa aeroespacial norteamericano. Que un primer ministro canadiense mencione siquiera la palabra 'conflicto' respecto a su vecino rompe con décadas de discurso bilateral basado en la confianza mutua.

El caso venezolano, por su parte, se ha convertido en un termómetro regional de la política exterior de Trump. El despliegue de buques y tropas en aguas del Caribe, sumado a la retórica sobre un posible cambio de régimen en Caracas, ha encendido alarmas en varios gobiernos latinoamericanos que temen que la lógica de intervención se extienda más allá de Venezuela. Países como Colombia, Brasil y México han seguido de cerca estos movimientos, conscientes de que las reglas de la diplomacia hemisférica podrían estar cambiando.

En ese contexto, la hipótesis canadiense, por remota que sea, funciona como un espejo incómodo: si incluso un socio del norte con décadas de integración económica y militar contempla escenarios de confrontación, la pregunta inevitable es qué nivel de certeza pueden tener los países latinoamericanos respecto a sus propias relaciones con Washington. La respuesta de Carney, moderada pero explícita, deja claro que ningún vínculo bilateral se da hoy por garantizado.

Por ahora, tanto el gobierno canadiense como la Casa Blanca han evitado escalar verbalmente el episodio, y no se registran gestos diplomáticos adicionales que sugieran una ruptura real. Pero el solo hecho de que la planificación militar de contingencia haya salido a la luz pública marca un antes y un después en el tono de la relación entre ambos países, y refuerza la sensación de incertidumbre que rodea a la política exterior estadounidense en la era Trump.