23/07/2026
Argentina logró un avance científico de relevancia internacional en biotecnología: un equipo vinculado a la UBA y la UNSAM desarrolló el primer cerdo modificado genéticamente de América Latina para investigar la producción de órganos compatibles con seres humanos. El logro abre una disputa estratégica sobre el control del conocimiento y el futuro de los xenotrasplantes.
Un equipo científico argentino desarrolló el primer cerdo modificado genéticamente de América Latina con potencial para la realización de xenotrasplantes, un avance que busca reducir el rechazo inmunológico de órganos animales en seres humanos. El trabajo involucró a investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la empresa biotecnológica CrofaBiotech.
El avance se concretó con el nacimiento de una cerda clonada a partir de un embrión con tres genes desactivados mediante una técnica conocida como "triple knockout". La modificación genética busca reducir la reacción del sistema inmunológico humano frente a órganos provenientes de animales.
El xenotrasplante consiste en trasplantar órganos, tejidos o células de una especie a otra. El cerdo es considerado uno de los principales candidatos para este tipo de investigaciones debido a las similitudes entre su anatomía y fisiología y las del ser humano, además de su capacidad de reproducción.
Uno de los principales obstáculos para utilizar órganos porcinos en seres humanos es el rechazo inmunológico. El organismo identifica el órgano animal como una amenaza y puede generar una respuesta inmune que compromete la viabilidad del trasplante.

El desarrollo argentino combina clonación, edición genética y biotecnología para investigar nuevas alternativas frente a la falta de órganos para trasplantes.
El proyecto fue desarrollado por CrofaBiotech, una empresa biotecnológica incubada en la UNSAM y cofundada por investigadores y especialistas en trasplantes.
El equipo de la Universidad Nacional de San Martín trabajó en la clonación molecular y en la edición genética de los embriones. La Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires participó en la gestación y el nacimiento de los embriones implantados.
Según el desarrollo presentado, la modificación genética permitiría que los órganos del animal sean entre un 70% y un 80% menos visibles para el sistema inmunológico humano que los órganos de un cerdo convencional.
El nacimiento de la cerda modificada genéticamente posiciona a la Argentina dentro del reducido grupo de países con capacidad para desarrollar animales mediante técnicas avanzadas de edición génica.
El avance argentino busca responder a un problema que afecta tanto a la Argentina como al resto del mundo: la falta de órganos disponibles para trasplantes.
En Argentina, más de 7.000 personas esperan un trasplante, de acuerdo con los datos citados del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI). La disponibilidad de órganos continúa siendo considerablemente inferior a la demanda existente.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la oferta de órganos cubre apenas una fracción de la demanda. En ese contexto, los xenotrasplantes aparecen como una alternativa en desarrollo para ampliar la disponibilidad de órganos mediante la combinación de clonación, edición genética y biotecnología.

Científicos argentinos desarrollaron una cerda modificada genéticamente para avanzar en la investigación de xenotrasplantes y la producción de órganos compatibles con seres humanos.
La investigación argentina se desarrolla en un contexto de competencia internacional por el avance de los xenotrasplantes.
En Estados Unidos, la empresa United Therapeutics obtuvo autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para iniciar un ensayo clínico con un corazón porcino modificado mediante diez ediciones genéticas.
La compañía eGenesis, por su parte, consiguió una nueva ronda de inversión de 191 millones de dólares para avanzar hacia ensayos clínicos relacionados con órganos modificados genéticamente.
Estos desarrollos muestran que la investigación sobre órganos porcinos para trasplantes humanos se encuentra en una etapa de creciente interés científico y empresarial.
El avance científico también abre una discusión sobre el control de las tecnologías vinculadas a la salud y la biotecnología.
La investigación pública, las universidades y los científicos argentinos participan en la generación de conocimiento estratégico. Sin embargo, el desarrollo de un tratamiento viable requiere atravesar etapas de producción, bioseguridad, validación regulatoria y aplicación clínica que demandan importantes recursos financieros.
En ese punto, las empresas biotecnológicas y los fondos de inversión adquieren un papel central. El debate gira en torno a si el conocimiento desarrollado con participación de instituciones públicas puede transformarse en un activo controlado principalmente por intereses privados o si puede consolidarse como una capacidad estratégica de la Argentina.
El desarrollo del primer cerdo modificado genéticamente de América Latina representa un avance científico significativo, aunque todavía no implica que los órganos porcinos puedan ser trasplantados de manera generalizada a seres humanos.
El camino hacia la aplicación clínica requiere nuevas investigaciones, controles de bioseguridad y validaciones regulatorias. Sin embargo, el desarrollo demuestra que Argentina cuenta con científicos, universidades y empresas capaces de participar en la frontera internacional de la biotecnología.
El desafío para el país será definir cómo proteger y desarrollar ese conocimiento estratégico. La investigación sobre órganos para trasplantes podría convertirse en una herramienta de soberanía científica y tecnológica para Argentina y América Latina, siempre que el conocimiento generado no quede desvinculado de las necesidades de la sociedad.
La biotecnología plantea así una disputa que excede el laboratorio: quienes controlen las tecnologías capaces de producir medicamentos, terapias genéticas y órganos podrán reducir su dependencia del mercado internacional. Para Argentina, el desafío será decidir si estos avances se desarrollan principalmente como una mercancía o como una capacidad estratégica vinculada al derecho a la salud y a la soberanía científica.
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